“También la lluvia”, el filme
dirigido por Icíar Bollaín y producido por Juan Gordon hace un paralelismo
entre la explotación de las poblaciones americanas y la expropiación de
recursos naturales que se dieron en la época colonial, a partir de la Conquista
(S. XVI), con la privatización (o expropiación) del agua que se dio en
Cochabamba, Bolivia, a principios del S.XXI, y el consiguiente impacto social para las poblaciones aledañas.
"La guerra del agua”
Así es conocido el conflicto que
se desarrolló en Cochabamba, Bolivia, en donde un centenar de manifestantes
protestaron en contra de la privatización del agua que pensaba llevar a cabo el
gobierno de Hugo Banzer, entre los meses de enero y abril de 2000. A finales de
1999, Banzer ya había firmado un contrato con la empresa Bechtel, la cual, por
medio del proyecto “Aguas del Tunari”, conseguiría el 25.7% de las ganancias.
Los precios del agua se doblaron y una serie de protestas empezaron a darse
lugar en Cochabamba a inicios del 2000.
Como antecedentes a las
protestas, hay dos elementos que no debemos olvidar: una es que Bolivia había entrado,
desde 1997, a una recesión económica en el sector agropecuario; y por otra
parte, debido a la recién aprobada reforma de aduanas se dio un bloqueo de
ingresos provenientes del comercio informal de las que se sostenían muchas familias
cochabambinas (Daroca, s.a., 8):
“Ambas reformas acabaron con el colchón
económico de miles de familias ligadas a estas actividades. En este escenario
histórico de luchas por el agua y pérdida de las principales fuentes de
generación de ingresos de sectores importantes de la población, es donde se
gesta y desarrolla el abril cochabambino, cuando el agua generó una de las
movilizaciones más masivas y plurales de las últimas décadas” (ídem).
La oposición estaba formada por
diferentes grupos: ecologistas, ingenieros locales y el sector de granjeros
campesinos, estos últimos necesitaban de sistemas de riego en sus cultivos para
abastecer de alimentos a una porción considerable de la poblaciones nacional. Las primeras
protestas estuvieron formadas por el sector de ambientalistas cochabambinos al
encontrar algunas irregularidades en el contrato, que incluía la Ley 2029.
“Estas oposiciones se vieron fortalecidas
cuando se sumaron las voces de defensa de los pozos familiares y comunitarios y
la oposición al alza de tarifas, temas
polémicos tratados en el contrato, que afectaban directamente a los
sectores medios y altos de la ciudad conectados al servicio público o con
posibilidades de tener pozos propios. La Federación de Fabriles y los colegios
de profesionales sumaron sus fuerzas y reclamos a estas voces de protesta,
fortaleciéndolas considerablemente.” (Daroca, s.a., 9)
Es en este marco que se da una
serie de movilizaciones de parte de la sociedad civil, protestas que son muy
bien relatadas en la película “También la lluvia”.
Sinopsis
de la película
Sebastián (Gael García Bernal) y
Costa (Luis Tosar) son dos compañeros cineastas que se aventuran en
la realización de una película, de escaso presupuesto, sobre el descubrimiento de América, la cual iba a ser ambientada en Cochabamba, Bolivia. La idea de hacerla allí era
para conseguir muchos extras indígenas a muy bajos costos. Costa y
Sebastián se van con su equipo de trabajo (elenco, camarógrafa, maquillista…) a
Cochabamba con muchas expectativas.
El enfoque que ambos directores
querían proyectar en tal acontecimiento era la visibilización de los maltratos, los
abusos y la explotación que sufrieron las poblaciones indígenas desde el
momento del Contacto, en especial, las participaciones estelares de Fray
Antonio de Montesinos y de Fray Bartolomé de Las Casas como defensores de los
indios. La historia del sometimiento americano cobra vida cuando se enteran que
en esos días están por librarse múltiples protestas en contra de la
privatización del agua de dicha localidad, evento que les afecta directamente
porque muchos de sus actores e incluso su protagonista, es uno de los líderes locales
más fuertes y por ende, más peligrosos para la dictadura.
La mejor escena
Para mi opinión, el mejor cuadro es cuando están filmando la “escena de la cruz”. En donde se proyecta el paisaje verde intenso de la América precolombina y los españoles instalan unas cruces de madera para quemar en hogueras a un grupo de indígenas que no aceptaron la religión católica. Fray Bartolomé de Las Casas quiere defenderlos pero nadie lo escucha, cuando uno de ellos manifiesta en una frase su desprecio al dios de los españoles. Las familias de los indios que serán asesinados presencian con rabia la escena, hasta que escuchan a su líder y repiten la frase con fervor, a una sola voz, pero los cuerpos de los castigados ya empiezan a ser consumidos por las llamas. El humo se confunde con los gritos a coro de los indios y el verde del paisaje deja de ser intenso, como si se consumiera también en la negra niebla. Los indios siguen repitiendo la frase y Las Casas pide perdón a su dios por la ofensa.
Para mi opinión, el mejor cuadro es cuando están filmando la “escena de la cruz”. En donde se proyecta el paisaje verde intenso de la América precolombina y los españoles instalan unas cruces de madera para quemar en hogueras a un grupo de indígenas que no aceptaron la religión católica. Fray Bartolomé de Las Casas quiere defenderlos pero nadie lo escucha, cuando uno de ellos manifiesta en una frase su desprecio al dios de los españoles. Las familias de los indios que serán asesinados presencian con rabia la escena, hasta que escuchan a su líder y repiten la frase con fervor, a una sola voz, pero los cuerpos de los castigados ya empiezan a ser consumidos por las llamas. El humo se confunde con los gritos a coro de los indios y el verde del paisaje deja de ser intenso, como si se consumiera también en la negra niebla. Los indios siguen repitiendo la frase y Las Casas pide perdón a su dios por la ofensa.
Sebastián, el director, ordena
que corten la escena y en ese momento justo, la policía del estado arresta a Daniel (el protagonista y líder de las movilizaciones en las calles) de nuevo: los paramilitares se mueven entre los indios, lo arrastran y lo suben
a una camioneta. Los demás indios, desnudos, vuelcan el auto de la policía y
sacan a Daniel, aún vestido de indio, como líder de los indios y líder de los
revolucionarios modernos. La orden de Sebastián fue suficiente para dar a entender
que dos realidades son capaces de imbricarse, aunque tengan siglos de
distancia, si su contenido profundo es el mismo.
Otros elementos que deben
reconocérsele a la elaboración de la película es que, según su productor, Juan
Gordon, todas las imágenes de la televisión que muestran protestas y bloqueos a
las carreteras son reales, excepto la escena en que Daniel (el líder de la
comunidad) es arrestado. Fueron alrededor de un millón de personas las que se
manifestaron y mantuvieron bloqueadas las calles por 15 días.
¿Por qué el título?
Según Juan Gordon, el título se
debe a la cláusula del contrato con la multinacional Bechtel, en donde se le autorizaba de dar
licencia y regular hasta la recolección del agua de las lluvias. Detalle que se
visualiza bastante bien en una de las protestas que Daniel dirige, y que
menciona: “nos quitarán también la lluvia”. Detalle que para Gordon fue
increíble.
Esta película cuestiona a
cualquiera, o mas bien lo despierta del sueño cotidiano. ¿Hasta qué punto se
debe una persona involucrar con la gente con quien trabaja? ¿Quién hizo lo correcto: Costa o Sebastián?
En la película, todos los
personajes son cuestionados por la realidad que tenían en frente y en la cual
“no tenían nada que ver”. Es Costa quien seguramente desarrolla un papel
significativo para la familia de Daniel, mientras que Sebastián, a pesar de sus
buenas intenciones y sensibilidad tras la primera captura de Daniel, no es capaz de seguir mirando ese cuadro tan
poco ameno y tan ajeno. La decisión de Costa de salvar a la hija de Daniel, una
niña de 12 años que se había ido a la manifestación, es capaz de cuestionar a
cualquier espectador.
¿Es bueno involucrarse? ¿Hasta
qué punto? ¿Lo permite la disciplina antropológica, la ecología política? ¿Y dónde está la distancia
necesaria para lograr mayor objetividad? ¿Qué es la objetividad y de qué
depende? ¿Se trata sólo de ver los problemas, ganarse la confianza de las
comunidades en estudio y publicar una investigación que solo va a leer “la
academia”? ¿Ese es el mayor logro? ¿Y qué tan saludable, emocionalmente, es
involucrarse tanto? ¿Cuándo la antropología deja de ser una disciplina
científica y se pasa al lado de las ideologías?
La antropología tiene mucho
trabajo en la visibilización y legitimación de los sectores que se dedican al activismo político, a la exigencia de sus derechos. Como también tiene la responsabilidad de estudiar las diferentes manifestaciones de acción política en los diversos grupos de América, cuándo los sujetos dejan de jugar papeles pasivos y eligen nuevos caminos para sus futuras generaciones.
Finalmente, creo que hay diferentes tipos de
antropología, como hay diferentes tipos de antropólogos. Cada cual elige los
papeles que quiere desempeñar y está en su derecho y su responsabilidad de
ejercerlos. Pero solo nosotros tenemos la dicha de conocer esa perspectiva del
otro que en otra disciplina simplemente queda incompleta.
(Respuesta de Daniel a Costa
cuando este
le pide que deje las manifestaciones por tres semanas
para poder
terminar la película”)
Bibliografía
Daroca,
Santiago.
S.A. “La guerra del agua. Protesta y acción social
en Cochabamba”. Cuadernos de trabajo, PNUD.
Melville, Roberto & Cirelli,
Claudia
2000 “La crisis del agua”





