Antes de llegar al café, nos detuvimos para prepararle el regalito de despedida al Filósofo. Checho sacó un libro de Carlos Fuentes, yo creo que saqué un bolígrafo para escribirle una dedicatoria, como me la escribió él en el libro que me regaló para mi graduación (que por cierto era también de Carlos Fuentes y no he terminado de leer). La tarde era de esas soleadísimas y yo me había puesto un splash de frutas en vez del de leche con almendras para quitarme el calor.
"No hallo qué ponerle". Me froto los ojos. "A la puta, nunca me acostumbro a estas mierdas... ¿te gustan mis sombras?", le enseño a Checho la punta de mis dedos rosados y brillantes y lo miro con cara de autodecepción. Checho ciñe el entrecejo, me mira y dice: "¿Cómo se le puede llamar sombras a algo que brilla?"
"No hallo qué ponerle". Me froto los ojos. "A la puta, nunca me acostumbro a estas mierdas... ¿te gustan mis sombras?", le enseño a Checho la punta de mis dedos rosados y brillantes y lo miro con cara de autodecepción. Checho ciñe el entrecejo, me mira y dice: "¿Cómo se le puede llamar sombras a algo que brilla?"
Puta, aún no sé la respuesta...
ResponderSuprimirYo tampoco! pero lo importante aquí es que solo vos hacés esas preguntas! :D
ResponderSuprimirHAHAHAHAHAHA!!! :D
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