viernes 19 de noviembre de 2010

Tercer jueves

Yo sé que estás ahí. Pero no te quiero ver. Tenés esa costumbre de mirar por el ojo de la puerta, sé que ahorita estás ahí pero no quiero volver a ver. Tengo sueño. Imagino tus labios cerrando su mueca perfecta, tus ojos impenetrables tras los párpados tendidos. No te quiero ver. Prefiero imaginarte. Ya sé lo que me vas a decir, pero no te quiero escuchar, me limito a  imaginarte dormido. Es mejor. Tercer jueves para no dirigirnos la palabra, para mirarnos una sola vez en el día con cara de venganza o desprecio o simpleza que se reanuda con esa mirada desde el fondo de la puerta, y siento que la nada me inunda. Sé que ya te vas, y yo me tengo que quedar. La clase no podía ser más larga. Estoy tensa. 


De vuelta, el busero parece estar enamorado. Las canciones del umplugged de Shakira, La Ley y demás música pop como la Oreja de Van Gogh mantienen al busero en un estado tal que niega su profesión. Yo pienso en vos y supongo que toda la demás gente piensa en otros, otras, que significarían lo que vos me significás, pero en otro contexto. Mejor me pongo a leer a Cortés y Larraz o a Bourdieu, que ya tengo que acabar esto. “El día de la despedida de esta playa de mi vida te hice una promesa, volverte a ver así. Por más de cincuenta de años hace que no nos vemos, ni tú ni el mar ni el cielo, que me trajo a ti.” Canciones como esa fueron las culpables de mis enamoramientos en plena infancia (me gustaba Xavier, un pequeñito, ronquito, estruendoso y cabeza rapada, la negación de mis actuales gustos). No me culpen, tenía diez años cuando la escuchaba y suspiraba. Ahora solo me pone tediosa, preguntándome si de verdad existen los amores de playa, las promesas utópicas en las despedidas, las parejas dispares… y siento que jamás llegaré a la casa. 

1 comentarios:

corazonadas