miércoles, 8 de diciembre de 2010

Amor, Tiersen es el culpable





Amor. No he dicho esta palabra en años. Y no creo que la vuelva a pronunciar. Nadie es capaz de morir así, por mí, por un deseo infernal, un suplicio. Nadie es predecible. Quiero llorar. También soy susceptible. No hay  ternura para mí. Y la muerte, tantos que han escrito sobre la muerte como lo terrible, ese trascendental evento de la humanidad, me es la palabra más dulce en este momento. qué es peor que no verse retratada en ningún espejo, no escuchar tu nombre salir de una boca, no ver tus letras en la pared. no pintar ni una sola sonrisa. qué es peor que estas palabras tiradas al azar y poner de nuevo la cara como si nada ha pasado, como si nada pasara. que es peor que mi insolencia.  mis malditas ganas de razonarlo todo. que es peor que esta lágrima que resbala y vuelve a surgir y a caer en un movimiento irreflexivo de penuria ante la existencia. que es peor que esto, que nadie escuche mis lamentos que nadie escuche mis lamentos que nadie escuche que nadie oiga que nadie llore por mí ni me vuelva a ver que nadie se atreva

2 comentarios:

  1. El Amor se subestima. Quizá sea una idea, una ilusión, una imagen incompleta... O quizá yo y vos no lo encontremos, o como dijo Fidel, quizá no tengamos esa habilidad, o la gente que conocemos no tiene esa habilidad. Hasta ahora sólo he conocido sensaciones más probables: la comodidad, el enamoramiento, la inercia, el engaño y el idealismo, entre muchas otras igual de deleznables o hermosas. Como la nostalgia.

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