Estas fechas son de lo peor. No solo hay que pintar la casa: lo que implica salir a comprar las susodichas pinturas teniendo en cuenta qué colores combinar, si las del exterior combinan con el portón, y que las del interior deben ser colores que combinen con el exterior para lograr una unidad; no solo hay que poner el Nacimiento, Belén o Misterio (que es lo mismo): lo que implica sacar del closet los adornos rojos y verdes, no solo es planificar el estreno… Hablando de los susodichos adornos, resulta que se guardan en cajas muy seguras en el closet con toda la confianza de que al siguiente año los encontrarás como las dejaste. Yo no sé qué pasa en mi closet, si hay fiestas todas las noches o qué, juro que no hay animales más que los comejenes malignos que se combaten muy seguido, pero resulta que al abrir las cajas, los adornos están quebrados, averiados, gastados… y hay que comprar nuevas guirnaldas.
Pero eso no es todo. Sino que hay que… LIMPIAR LA CASA.
Pero no es una limpieza como la de todos los días, es una limpieza-limpieza. Solo decirlo me asusta: implica deshacerse de cosas… ¡papeles! Y para mí, es eso una tarea muy difícil. Mi madre, muy severa, me dice que tengo que botar lo que ya no me sirve, pero díganme ¿quién soy yo para predecir el futuro? ¿cómo sé cuándo volveré a leer un folleto y cuándo no? He llegado a la conclusión de que soy obsesiva con los papeles. No es que tenga serios problemas, pero de verdad me cuesta dilucidar qué papeles me servirán y qué papeles no. Al final, la limpieza requerida por mi madre resulta ser una neo-clasificación de papeles antes dispersos. Pero es un avance. Ahora ya sé qué debo leer, porque siempre hay cosas inconclusas, y eso lo pongo en el respaldo de mi cama, miro los libros del respaldo y renuevo la mini-biblioteca ahí instalada.
Además, está siempre ahí una estatuilla de María Auxiliadora, a quien respeto desde mi niñez a pesar de muchas otras ideas anti católicas que poseo. También se encuentran unas libretas y mi lapicero cada vez menos útil… y mi hermosa billetera, que es mas bien un baúl de recuerdos: notas, cartas, entradas al cine, al teatro, al concierto, fotos… mi dinero está en otro lado, obvio, mis documentos también. ¿Quién guardaría cosas tan importantes en un lugar tan predecible? Además de que siempre que salgo se me olvida… y hace mucho bulto, he pensado en desocuparla y darle otro uso, pero no, con este que ya le doy me parece que ya tiene suficiente trabajo. Además, los recuerdos pequeños no me caben en las otras cajas, con más cartas colegiales.
Además, está siempre ahí una estatuilla de María Auxiliadora, a quien respeto desde mi niñez a pesar de muchas otras ideas anti católicas que poseo. También se encuentran unas libretas y mi lapicero cada vez menos útil… y mi hermosa billetera, que es mas bien un baúl de recuerdos: notas, cartas, entradas al cine, al teatro, al concierto, fotos… mi dinero está en otro lado, obvio, mis documentos también. ¿Quién guardaría cosas tan importantes en un lugar tan predecible? Además de que siempre que salgo se me olvida… y hace mucho bulto, he pensado en desocuparla y darle otro uso, pero no, con este que ya le doy me parece que ya tiene suficiente trabajo. Además, los recuerdos pequeños no me caben en las otras cajas, con más cartas colegiales.
Total, que la limpieza que mi mami asocia directamente con el acto mismo de botar y botar en una enorme bolsa negra mucha información académica y personal, termina siendo una labor de gran trabajo intelectual y emocional, que no es más que clasificar la información y los recuerdos de lo vivido en todo el año… mas bien, de lo que ha quedado una evidencia tangible.
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